Éramos entonces “esos locos bajitos”. Subirse a una piedra en la excursión de fin de curso y gritar: “Adelante mis valientes …”, mientras tu pandilla levantaba los palos al viento enardecidos y amenazando a no se sabía bien qué enemigo … O tumbar en la camilla imaginaria al amigo o amiga para practicar no se sabe qué operación a vida o muerte. O acunar a ese bebé temprano para que deje de pedir por esa boca inmóvil. O coger ese micrófono/escoba para sobrepasar a Elvis.

Pero eso era antes, hace muchos años, cuando teníamos “los ojos abiertos de par en par” cuando necesitábamos experimentar, sentirnos “otros”, cuando los límites de nuestra identidad eran difusos y necesitábamos ser lo que no éramos para afirmar lo que estábamos siendo.

Qué error tan grande haber olvidado aquellos juegos. Haber olvidado todos aquellos personajes, todos aquellos aprendizajes. Y todo para que hoy podamos decir “yo soy así”, al abrigo de nuestra agradable, tranquila, segura e inmutable zona de confort. Domesticados por “eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”.

Pero como coaches sabemos del valor para el cliente de las perspectivas, de reflexionar la vida “como si”, de actuar “como si estuviera en”, de pensar “como  si fuera …”. Buscamos una reflexión temporal para descubrir, para sorprender, para transgredir, para tranquilizar; para que desde esa temporalidad (juego) se permita el cliente visitar, con la seguridad del regreso, quien no es, quien fue, quien puede llegar a ser, quien ve la vida de otra manera, otro personaje , o incluso  “qué te diría tu mascota sobre tu preocupación…”.

Yo trabajo en el aula personajes de musicales de Broadway que ven, cantan y se mueven en la vida de otra manera, pero cualquier “otro” vale para expandir la conciencia y la conducta del cliente, para abrirle a otros mundos, para facilitarle la entrada a ese mundo de los locos bajitos que decía Gila y que cantaba Serrat.

Porque hay otros personajes, pero todos están dentro del nuestro. Yo me pido ser … todos

 

 

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