A finales de agosto se estrenó en España “El último concierto”, con casi un año de diferencia con el estreno en EEUU. Demasiada espera.

Confieso mi melomanía, mi pasión por la ejecución musical, concretamente la música coral. Siempre me ha llamado la atención, y me entusiasma, el uso de las metáforas que, en el proceso de aprendizaje de una obra, suelen utilizar los directores: “… este pasaje es susurrado al oído….”, “… aquí estáis hablando de amor a vuestra pareja …”, “… aquí es una explosión de fuegos artificiales …”, “… sentir la suave caricia de la música en los primeros compases …”. Y es que la música es una compleja metáfora de las emociones.

105 minutos de metáforas y emociones, eso es “El último concierto”.

Un exitoso cuarteto de cuerda que esconde entre bastidores toda una tormenta de frustraciones, envidias, deseos reprimidos, egos incontrolados, amores, odios, satisfacciones, creencias limitantes, saboteadores …

Cuarteto como metáfora de equipo, instrumento como metáfora del rol, la fama como metáfora del autoengaño, la partitura como metáfora de zona de confort, la obra musical como metáfora del aquí y ahora. Y el invierno neoyorquino en Central Park como metáfora de una frialdad sostenida públicamente durante demasiado tiempo.

Y metáforas y emociones se revelan, explotan y salen a escena cuando una circunstancia inesperada amenaza la continuidad del cuarteto. Y todo ello construido sobre otra metáfora: el cuarteto para cuerda número 14 opus 131 de Beethoven, una obra que parece inacabada, que no tiene pausas entre movimientos (principio y fin se confunden), que no deja descanso y que por si fuera poco, se construye sobre una fuga: una misma melodía interpretada a destiempo por cada intérprete. Como la vida misma.

El film empieza con unos versos de TS Elliot, del libro “Four Quartet” (¿coincidencia?):

What we call beginning is often the end

And to make an end is to make a beginning.

The end is where we start from.

(Lo que llamamos comienzo es muchas veces el final

Y empezar es terminar.

El final es donde empezamos)

Y ellos: ¿terminarán disfrutando, tocando sin partitura, empezando de nuevo?

Y vosotros, si no habéis visto la película y estáis por las metáforas y la gestión de las emociones, dejad vuestra partitura a un lado e id a verla. Solo os he contado la mitad de la mitad.

 

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